
Siguiendo la cadena de mi adorado Cálico-Meister y mientras reflexiono sobre los extraños hábitos que pueda tener (no es que me cueste por que no los tenga, si no que nunca he reflexionado mucho sobre el tema), cuelo esta reseña viajera.
No hay muchas muchas novedades por estos lares, así que podría ponerme a reflexionar sobre el azul del cielo, pero antes de que i-Mazinger se empiece a incomodar ante la pantalla trataré de no volar tan alto.
Lo más interesante de este fin de semana podría ser mi provechoso recorrido del sábado por media provincia de Segovia. Fue provechoso en muchos sentidos: profesional, académico, turístico y gastronómico (podría llegar a añadir un sentido antropológico). Al tema, que es lo que interesa, podría decirse que he batido el record de vueltas rápidas de i-Mazinger en el Playa, pero yo por los caminos de Segovia, descubriendo Boceguillas, Cerezo de Arriba, Sepúlveda y Riaza con un frío considerable y la vista espectacular de las cumbres nevadas de la sierra a tiro de piedra. En estos lugares he visitado obras de todo tipo (desde vivendas hasta naves industriales, pasando por iglesias y otros monumentos).
Por otra parte he podido confraternizar con los nativos castellanos (desde curas hasta peones, incluyendo a los entrañables jubilados) en su hábitat natural, esto es: bares y plazas. Me han invitado a cañas, cafeces y pinchos (ni uno me han dejado pagar). Todo ello da para hacer un exhaustivo estudio socio-antropológico.
Para el final he dejado lo mejor de todo lo bueno que he visto y he conocido: un lechazo de cordero espectacular, el cuál pude disfrutar en un Figón de Sepúlveda con mesa pegada a la ventana y unas vistas espectaculares de las Hoces del río Duratón.
Ha sido una experiencia curiosa y una forma estupenda de conocer sitios y gentes interesantes...